Ezio Neyra

 

Mayo 11, 2009

Despedida

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 3:34 pm

Han pasado ya cerca de dos semanas desde la última entrada que publiqué, en donde hablaba de mi ropa sucia y de irme de viaje. Pues me llevé la ropa y al día siguiente, cuando ya estaba en Amsterdam, sentado en una de sus interminables placitas rodeadas por letreros de Heineken, leí un correo donde me avisaban de la suspensión de este blog, de mi blog. Me decían que tenía que alcanzar un número determinado de lectores al mes, digamos que 25,000, y que lamentablemente estaba lejos del objetivo. Digamos que no fui muy osado, quizá, o que no escribí sobre los temas adecuados, que prendieran la chispa allí mismo donde las papas queman.
Últimamente he estado pensado en continuar con el blog en otro soporte, pero aún no tengo las ganas suficientes. No sé qué signifique que quiera dejar este blog abandonado sólo por un tiempo o permanentemente. A lo mejor mantener un blog sirva para no dejar nunca de tener un cable a tierra. Ya se sabrá en qué deviene esta historia.

En fin. Gracias por darse una vuelta por este blog una que otra vez, por dejar sus comentarios unas veces menos y por haber generado cierta pequeña comunidad de lectura y conversación que disfruté mucho y que, por supuesto, echaré de menos. Hasta pronto.

Abril 21, 2009

Lavadora

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 8:56 pm

Cuando la lavadora de tu casa se malogra, cuando no te queda otra opción que lavar tu ropa hoy porque mañana se parte de viaje, no queda más alternativa que meter tu ropa sucia en bolsas y salir a buscar una lavandería. Lo que encuentras cuando bajas las escaleras y pones tus pies en la calle, sin embargo, es que está lloviendo tanto que hasta parece que el cielo caerá sobre nosotros. La duda llega con naturalidad. ¿Caminar o no caminar? Pero hay que hacerlo: las lavanderías cierran a las 7.30 y ya son casi las 5. Entonces se camina rápido, intentando evitar los charcos, escondiéndose detrás de un árbol o de un poste para evitar que el carro que pasa rápido por la avenida no nos moje hasta los huesos. Cuando se llega finalmente a la lavandería y tras meter y sacar dos o tres veces la ropa porque de tan mojada que está se demora el triple en secar, hay que enfrentarse de nuevo a la calle, que bota tanta agua como la misma lavadora. Hace poco llegué a casa y tuve que sacar prenda por prenda de las bolsas y colgarlas sobre mis sillas, mis mesas y mis puertas. Ojalá todo sequé a tiempo. Ahora pienso que quizá pude haber decidido llevarme la ropa sucia de viaje.

Abril 19, 2009

Un arte de hacer ruinas

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 11:24 pm

Estos últimos días estuvo el escritor cubano Antonio José Ponte en Providence, invitado a dar una charla en la universidad de Brown. Yo ya lo había conocido brevemente en México en diciembre último, de una manera muy casual, y tuvimos entonces un poco de tiempo para charlar. Ante Ponte, que es un conversador maravilloso de endemoniada inteligencia, inteligencia que cohibe, basta con sentarse a escuchar y ni preocuparse por emitir sonido alguno. Y eso es lo que hice no sólo en los momentos que tuvimos para conversar a solas –cuando me contaba de sus años en La Habana y se hablaba de comida gracias al fantástico congrí y chancho que se cenó–, sino también cuando estuvo con un grupo de estudiantes en una clase sobre literatura cubana contemporánea, en donde habló del ensayo que escribe sobre la censura en Cuba, que lo lleva desde los años del escritor Virgilio Piñera en Buenos Aires hasta la pieza que mostró el artista cubano Carlos Garaicoa durante la última Bienal de Arte de La Habana.  También, cuando horas más tarde leyó un fragmento de su cuento “Un arte de hacer ruinas”, así como parte de un texto escrito a la par de “La fiesta vigilada”, su novela más reciente publicada por Anagrama, además de varios de sus poemas y un cuento inédito.
Creo que la primera vez que escuché hablar de Ponte fue en el blog de Iván Thays hace uno o dos años, donde se le trataba con generosos halagos. Meses después, me regalaron La fiesta vigilada, novela que me cautivó, y luego, ya más recientemente, he podido leer su ensayo Las comidas profundas, o su colección “Cuentos de todas partes del imperio” así como parte de su poesía.
La temática más evidente de la obra de Ponte es aquella relacionada con la ciudad en ruinas, con la decadencia del urbanismo, con el tiempo detenido. También, desde luego, la censura es uno de sus temas más recurrentes, que es elaborado de manera más amplia en La fiesta vigilada. Uno de sus cuentos más entrañables es “Un arte de hacer ruinas”, en donde los edificios de La Habana están tugurizados y se mantienen en pie solamente gracias a la “estática milagrosa”. En ese escenario, los tugures se encargan no sólo de tugurizar la ciudad con el objetivo de que sus edificios se vengan abajo, sino también de la construcción de Tuguria, una ciudad subterránea en donde se encuentran los edificios tal y como solían ser en su época de esplendor.
Si en algún autor pienso al leer a Ponte es en Borges, y él mismo es un fanático lector de la obra del escritor argentino. Al igual que Borges, Ponte es un escritor que se mueve en terrenos de diversos géneros: el cuento, el ensayo, la poesía (al que le ha sumado la novela); además, al igual que Borges, cuenta con un gran conocimiento de autores clásicos, y en sus cuentos es posible encontrar cierta similitud con los laberintos borgeanos o con esos universos fantásticos que se encuentran a la espalda del mundo más superficial: en los sótanos, en las ciudades rurales, en otros tiempos.

En la foto Antonio José Ponte. Fuente: notasmoleskine.blogspot.com

Abril 15, 2009

tierra de lagartijas

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 4:04 am

Discúlpenme que escriba sobre mí mismo, pero es que hoy he estado pensando en las lagartijas. Lo que comenzó con algunos pensamientos cuando desperté esta mañana, se convirtió con el correr de las horas, hacia las 6, cuando caminaba de regreso a casa, en la visión de ellas. Miren en lo que me he convertido: tengo casi treinta años y cuando camino veo lagartijas.
Supongo que de alguna manera tengo una historia con ellas. En los veranos, en el Sur, la vegetación es árida, la tierra es dura, el mar llega hasta cerca de las casas. Es allí donde las lagartijas encuentran ideal posada. A mi primo y a mí nos gustaba cazarlas. Él era mejor que yo. A mí me daba cierto temor agarrarlas por la cola y sostenerlas arriba en el aire mientras ellas movían desesperadas sus cuerpos. Él en cambio era rápido con las manos, y sagaz con la tijera o cuchillo con que les cortaba las colas. Yo no recuerdo haberle cortado la cola a ninguna, más por cobarde que por temor al remordimiento, pero sí me gustaba verlas caminar lentamente, adoloridas mientras trataban de perderse entre la hierba mala. Mi primo dice que varias veces vio cómo les crecía la cola perdida. A mí no me consta.
Aquí donde vivo ahora hay ardillas. En invierno se resguardan del frío dios sabe dónde y nunca se las ve. Con la primavera caminan de nuevo por los árboles y saltan a la calle y se meten en los tachos de basura y a veces cruzan las ventanas o las puertas. Hasta esta tarde no sabía qué hacer si una ardilla se metiera en mi casa. Ahora creo saberlo.

Abril 12, 2009

Thierry “Balán” Henry

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 1:11 pm


Me pregunto de qué manera los peruanos seríamos diferentes si en países extranjeros se usara los nombres o apelativos de nuestros más conocidos deportistas, actores o cantantes como seudónimo de los suyos. ¿Se imaginan que a Thierry Henri se le conociera como el Balán González galo, que a Lionel Messi se le llamara el Pedrito García gaucho o que a Penélope Cruz se le asociara con Vanessa Saba? A lo mejor no nos veríamos afectados en absoluto. La única diferencia, claro, es que se trataría de otro mundo, uno en donde lo peruano esté presente en un imaginario global como lo pueden estar Francia, Italia, Estados Unidos e incluso Argentina. Como esto no es así, y habría que pensar si un escenario así podría ser posible algún día, en nuestro país sucede el efecto opuesto: nos encanta hablar de los nuestros con referencias a extranjeros. Hagamos sólo un repaso: Freddy “Maradona” Barrios, el equipo del Juan Aurich es el Manchester United del Norte, José “El Kaiser” Chacón, Juan “Pelé” Guzmán, Pedro García es el Romario de los pobres, Juan Carrillo es el Drogba de los Andes, Donny Neyra es el Riquelme peruano, Sergio “Shev-checho” Ibarra, Mariana Demichelli, la Sharapova peruana, Karla Casos, la Angelina Jolie del Perú y la lista sigue, es interminable.
¿De qué se tratará todo esto? A lo mejor, ahora que todo está globalizado, que podemos acudir a una computadora y ver lo que pasa aquí y allá, que podemos sentarnos ante un televisor y saber qué ocurre, qué nombres suenan más, esta sea nuestra manera de insertarnos en el mundo, de hacer que los nuestros también lleven nombres que puedan insertarse en el imaginario mundial. Es como si más allá de los países hubiera también un mundo paralelo, cuyos ciudadanos son aquellos que tienen presencia mediática universal, mientras que el resto, si lo desea, como parece ser la norma, para ingresar debe dejar un poco de lado su identidad más local: es el precio a pagar por ser más globalizado.
Entretanto nos queda la opción de divertirnos, de seguir escuchando estas asociaciones con figuras extranjeras y decirnos que verdaderamente todo es posible. No sé cómo será en otros países, pero a priori el ingenio peruano parece sacar cuerpos de ventaja. Basta con pensar en que al Aurich se le llama el Manchester United, cuya única similitud acaso sea el color de la camiseta, para darnos por vencidos: el ingenio peruano siempre puede más.

En la foto: Thierry “Balán” Henry.

Abril 7, 2009

El siglo de las luces

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 1:40 pm

Decir que Alejo Carpentier es un gran escritor es tan obvio como decir que el rojo es rojo o que la mesa es mesa. Antes de leer El siglo de las luces había leído varios de sus libros: El arpa y la sombra, Los pasos perdidos, El reino de este mundo y Concierto barroco, pero creo que ninguno me ha gustado tanto como El siglo de las luces.
Creo que Carpentier tiene al menos dos grandes contribuciones a la literatura latinoamericana. Por un lado, la idea de lo “real maravilloso americano” y por el otro la reapropiación del barroco como parte fundamental de nuestra cultura americana. Ambos elementos se encuentran en El siglo de las luces, que narra la historia del francés Víctor Hughes, quien tiene un negocio en Puerto Príncipe, Haití, y que llega a La Habana luego de que su establecimiento es incendiado por un grupo de esclavos negros, anticipando así los hechos que décadas más tarde ocurrirían durante la revolución haitiana. Una vez en Cuba, Hughes se relaciona con los hermanos Sofía y Carlos y el primo de estos, Esteban, quienes se han quedado huérfanos, y viven en una enorme casa. La presencia de Hughes, que alterará el orden que hasta antes había tenido la casa, se verá interrumpida cuando éste debe escapar a Francia debido a que la corona española ha mandado capturar a masones y a todo aquel que tenga ideas revolucionarias, como el mismo Hughes, que a estas alturas del libro, se muestra como un liberal, y son estas mismas ideas las que se incubarán en Carlos, Sofía y Esteban, que a la larga es el único que, un poco por casualidad y un poco por deseo, termina por acompañar a Hughes a Francia. Aquí empieza otra novela: una de viajes, una novela de aventura, que lleva a los barcos a luchar por la posesión de los mares, en la que Hughes y Esteban recorren una Francia atravesada por la revolución de 1789, en donde Hughes adquiere poder político. Unos meses más tarde es enviado a Guadalupe, en donde instaura una política de terror. Hay varios momentos de la novela en que se señala que la libertad que tanto había pregonado la revolución francesa había terminado por convertirse en una guillotina. Esteban, coprotagonista del libro, es quien muestra su voz crítica a lo largo de la novela. Es él el que se desencanta con la manera como la revolución francesa quiere imponer sus ideales en tierras americanas, quien a la larga piensa que estos ideales, los liberales, se han trastocado hasta convertirse en excusas para asesinar a diestra y siniestra.
Interesante también resulta el hecho de que Víctor Hughes sea un personaje histórico, que en efecto estuvo involucrado en la revolución francesa pero del que, salvo un pequeño volumen que Carpentier cita al final del libro, no se han encargado los historiadores. De esta manera, Carpentier pareciera proponernos que a través de la literatura, más que gracias que a la historia, podemos tener acceso a la historia detrás de la historia, por decirlo de alguna manera. Vale la pena, y mucho, acercarse a los libros de Carpentier, especialmente a éste, que los sorprenderá desde las primeras líneas.

Abril 6, 2009

Una coda

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 4:23 am

Ya que hablábamos de fútbol, sólo una coda a la entrada anterior. Hace poco le contaba a una amiga estadounidense, que es muy inteligente y muy guapa y muy todas esas cosas que la hacen la persona ideal para contarle historias, la historia de que de hasta mis 17 años jugaba al fútbol y que habría podido ser jugador profesional. Y, justo cuando seguía adornando la historia con detalles, ella empezó a reír y no paraba de hacerlo. “Bah, vamos”, me dijo, “todos los sudamericanos y los italianos dicen la misma historia”. No pude seguir con mi historia: me había descubierto. Quizá tenía razón y yo no era más que un simple mentiroso que trataba de seducir a alguien.

Abril 1, 2009

El peor equipo del mundo

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 5:46 pm

La broma se repite una y otra vez: “bien ahí con Chile, ah” o “qué rica la goleada que les metió Uruguay”. Y les digo ahora, a todos aquellos que me gastan la misma broma, que no sólo ya dejó de darme risa sino que tampoco me molesta, no me mueve ni un pelo porque hace tiempo ya que perdí las esperanzas, ya no creo en la selección peruana de fútbol. De hecho, hay que creer que cada vez que se le gana a otro equipo se trata de un hecho extraordinario, un accidente en el camino, debido al clima quizá, o a que el otro equipo jugó a media máquina. Sin embargo es tierno ver cómo muchos peruanos se entusiasman cuando se empata con Argentina (oh, un empate, maravilloso resultado) o cuando se pierde como visitante apenas por un gol, y creen que se trata del renacimiento de nuestro muerto, porque ya ni agonizante está, fútbol peruano.
De chico yo jugaba al fútbol. Pasé por varios equipos y supongo, aunque ahora no estoy seguro si en algún momento lo quise verdaderamente, que pude haber sido futbolista profesional. Mi papá, que sí fue uno, me daba ánimos, me llevaba a los entrenamientos, me iba a ver jugar, me decía que veía para mí un futuro como un buen futbolista. Me hablaba, y me encantaba escucharlo, de sus viajes como futbolista, de los equipos a los que enfrentó, de lo que se siente ser parte de la selección nacional, de la gira por los tres continentes, del preolímpico de 1972. Pienso ahora que evidentemente los de mi padre eran otros tiempos. Ganarle a Argentina no era algo extraño, jugarle de igual a igual a Brasil era habitual, Venezuela o Bolivia eran equipos que no representaban ningún riesgo serio. Y mirémonos ahora: Venezuela nos gana cuando se le antoja, Bolivia está por encima de Perú en la tabla de posiciones de las Eliminatorias y, qué pesar da decirlo, ningún equipo nos respeta verdaderamente, salvo quizá Guyana, aunque es probable que ni siquiera tenga una selección nacional de fútbol.
Hemos caído bajo, muy abajo, y cada vez se hace más evidente. Por ello, campañas como las que están circulando por Internet, que anuncian “La goleada del planeta”, resultan tan gráficas de esta sensación de constante fracaso. No es que los hinchas tengan tendencia al derrotismo, sino más bien al realismo: la selección peruana de fútbol es un equipo derrotado. Ojalá, ojalá que algún día cercano podamos volver a sentir lo que sintieron nuestros padres cuando veían a la selección de décadas atrás: ese sentimiento de que era posible llegar lejos, de que podía ganársele a cuanto equipo se tuviera enfrente.

Marzo 25, 2009

La vida a colores

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 11:24 am

Hace unos días me mostraron uno de los mejores comerciales para televisión que haya visto. En realidad es una serie de comerciales de los televisores Bravia, de Sony (no tengo uno, por cierto, aunque me encantaría, no estoy publicitándolos). No se trata de comerciales que apelen a algo ingenioso o divertido hecho por alguno de sus protagonistas (tampoco, como en buena parte de nuestros comerciales de cervezas, se ven mujeres u hombres con poca ropa). Por el contrario, esta serie llama a nuestros sentidos, nos invita a disfrutar del color, de la música, de la imágen, de todas esas cosas que por simples a veces olvidamos que existen. El primero de ellos, que creo que el más conocido, es una explosión de chorros de color desde varios edificios hasta que finalmente del cielo comienza a caer lluvia de colores.

En el segundo de ellos, y el que es de lejos mi preferido, una incontable cantidad de pequeñas pelotas de cientos de colores empieza a cubrir las calles de San Francisco. Es de tal belleza que es difícil encontrar las palabras para describirlo, por lo que se los dejo aquí para que puedan disfrutarlo ustedes mismos. Si algo he decir acerca de él, sin embargo, es que al verlo me dan muchas ganas de haber estado en un día como ese, viendo al cielo cubrirse de miles de colores.

Hay algo más. Ya que hablamos de colores, desde hace varios años tengo ganas de asistir a una exposición de la artista japonesa Yayoi Kusama.

Ella también, a lo largo de su extensísima obra, ha tenido el interés de trabajar con los colores y las formas esféricas, creando escenarios en donde el color desplaza al vacío, negándole la entrada. En el trabajo de Kusama también, sobre todo en el que interviene los espacios públicos, da color a los espacios qu hasta antes no lo tenían. Algo parecido puede decirse del trabajo que el escultor mexicano (aunque también ya bastante peruano) Víctor Castro presentó hasta hace poco en el parque Salazar en Miraflores. Allí también, como en Kusama, hay un claro interés por hacer que el color dé un poco de brillo a nuestro cotidiano.

En la foto: Dots Obsession de Yayoi Kusama. Fuente: Galería Roslyn Oxley9.

Marzo 21, 2009

El nuevo Nobel

Categoría: Uncategorized ezioneyra - 4:27 pm

Es cierto que vale la pena tomarse las cosas en serio, pero no todo el tiempo. Es cierto que es bueno trabajar duramente, no gastarle bromas al jefe a sus espaldas, estudiar duro, pero también debemos darnos un espacio en donde dejar de ser tan seriecitos sea justo y necesario. Un poco de esta manera pareciera haber pensado Marc Abrahams al crear en 1991 los premios Ig Nobel, que, como los Nobel suecos, se celebran una vez al año. Su último encuentro se llevó a cabo en Chicago, en donde, en medio de un público que lanzaba aviones de papel por la sala, se premió a dos científicos autores de la investigación “Los efectos secundarios de tragarse espadas”. Cuando subieron al escenario, un tragador de espadas los acompañaba y llevó a cabo su participación. El año pasado, en cambio, recibieron el premio los científicos que demostraron que los medicamentos falsos caros son más efectivos que los medicamentos falsos baratos. Así, hay otras investigaciones que se llevan a cabo: el Viagra ayuda a los hámsteres a recuperarse del jet lag (y quizá pronto también a los humanos) o esa arma química llamada “Bomba Gay” que lograría que los soldados enemigos empezasen a encontrarse irresistibles unos a otros y por lo tanto opten por hacer el amor antes que la guerra, o  la investigación que analiza la fuerza que se requiere para arrastrar  una oveja por superficies distintas. Hay muchas otras investigaciones que vale la pena revisar, muchas de las cuales se pueden encontrar en la web que dirige Abrahams: Investigación improbable. Quizá allí, en esos laboratorios que se muestran insistentemente, y de los que ahora nos reímos, se esté gestando algo realmente importante. Al menos, quizá, ayuden a que nos tomemos las cosas un poquito menos en serio. Ojalá se pueda.

* En la foto Marc Abrahams. Fuente: Orion Books.

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